Día, mes y momento primero

Una luz habla a la mujer




Una joven mujer mira ensimismada por la ventana y recibe el brillante sol en su rostro. De repente, el resplandor la sobrecoge en profundidad extraordinaria. Escucha el canto de los pájaros y acaricia su vientre, mientras el sonido de los pájaros envuelve todo. Ella sonríe por sus sentimientos íntimos, personales, y por la sobrecogedora vida que espera.

Escribe un mensaje de texto a su pareja y dice: “Vida, necesito contar contigo para algo importante”… Y recibe respuesta inmediata: “Amor, siempre estoy y siempre estaré para lo que necesites”.

Suenan los cantos celestiales de la luz, el amor y la vida.


Día, mes y momento segundo

La visita de la mujer al reflejo




Ella, la mujer joven, se acerca al espejo mientras lo limpia, lo mira y reflexiona sobre su reflejo en él. Ve a una mujer mayor, madura, que espera un hijo en su vientre. La mira con detenimiento y admiración. La saluda y le sonríe. Ella, su reflejo, le devuelve el gesto. Ambas acarician su vientre, comienzan en un vaivén junto al espejo y aunque la joven no muestra todavía su embarazo, la del espejo la admira.

Mientras se sumergen en el baile, por la música que suena, la mujer joven lanza agua como lluvia por los aires y al caer las gotas sobre ellas, vemos bailar a dos niños pequeños felices de jugar juntos.

La música que todos bailan se hace gloriosa.


Día, mes y momento tercero

De la ventana a la puerta




Se ha cumplido el tiempo para el nacimiento; sin embargo, ella ve en las noticias que tienen que enfrentarse a la realidad implacable de un aislamiento preventivo, es momento de pandemia. Les avisan que están en cuarentena, que hay un censo obligatorio y que deben aislarse. Ella no quiere estar sola en estas circunstancias.

Pone un mensaje a su amado: Debes regresar a casa pronto, para el censo y por la cuarentena. Necesito que te quedes conmigo, es el momento, ha llegado el tiempo.

Luego, mira por la ventana y recorre, entre pensamientos, una ciudad vacía y desértica que está bajo un sol implacable que abraza y agobia. Ella añora la compañía de su amado en estos tiempos difíciles. En la melancolía de la espera, cae la tarde. Mira el reloj y lo llama. Él contesta y le dice que está muy cerca, que puede verla. Ella lo busca y encuentra su mirada junto a la puerta que se abre. Sonríen y se abrazan. Ella llora de emoción y expectativa, por lo que vendrá. Él trae agua para la sed y limpia sus lágrimas. Ella tiene un espasmo en su vientre por lo que él se asusta y el vaso de agua cae lento hasta romperse en el suelo, dejando toda el agua a los pies de ella.

Al caer el vaso, los sonidos que se desatan son oscuros y disonantes como el vaticinio de una noche complicada.


Día, mes y momento cuarto

La casa infinita




Bajo un confinamiento obligatorio se hace difícil conseguir lo que se necesita y piden ayuda por todos los medios posibles. A cada intento, se abre la esperanza, la posibilidad de abrir una ventana o una puerta, pero también la realidad implacable. Algunas de ellas no abren nunca y otras se abren para cerrarse de nuevo. Pocos atienden al llamado y las palabras que reciben son las mínimas y las mismas: ya hemos recibido a otros familiares o amigos, ya estamos ayudando en lo que podemos, no podemos colaborar con nadie más ahora. Descubren, en medio de la oscuridad, que están solos. La noche se hace profunda y ella no encuentra alivio a su cansancio y dolor. Dejan de mirar la luz de sus móviles para buscar la luz en el cielo. Se vuelven hacia la ventana por la que entra una luz débil que les da esperanza de cobijo.

Coros celestiales que entran con la luz les dan la energía para continuar.


Día, mes y momento quinto

Dejar la oscuridad para encontrar la luz




Él se siente angustiado por no encontrar solución. Les han cerrado todas las puertas, es de noche y en esta extraña situación, solo se tienen el uno al otro.

Él la sostiene reclinada en su hombro y la anima a seguir mientras acaricia su rostro y le toca el cabello. La levanta y la lleva a la luz de la ventana. Ella ve como se apagan las últimas luces de las casas vecinas y de las calles lejanas. Él logra ver cómo van apareciendo las luces en el cielo nocturno despejado. Ella ve que no hay personas en las calles. Él le da ánimos, le dice que puede continuar y le señala una luz intensa que ambos siguen con su mirada en el cielo.

Los sonidos son tenues, suaves, pero igualmente disonantes y cansados.


Día, mes y momento sexto

El hogar dentro de la casa




Cuando ya sus corazones estaban cansados y habían perdido la esperanza de encontrar cobijo en una noche fría y solitaria, ambos se ponen en la tarea de encontrar su propia luz. Buscan sábanas, cobijas y cojines, y los ponen en el centro de su casa para construir un espacio acogedor de descanso y reposo.

Deciden quedarse allí, en el centro de su hogar, junto a la luz de las velas, jugando con las sombras y contando historias que dan calor al espíritu y hacen agradable su morada. Tienen un techo, las paredes los protegen de la incertidumbre y las luces de la velas les dan calor y les permiten soñar el mañana.

La música aviva el espíritu con la esperanza de los regalos del cielo.


Día, mes y momento séptimo

Frutos y retoños de luz




Después de esa noche de contrastes, se sorprenden cuando la luz del sol lo inunda todo a través de la ventana.

Una música con coros celestiales enciende los corazones de los hombres y mujeres que, durante la noche, fueron llegando con sus luces encendidas y con regalos, fruto de la tierra y del trabajo de cada uno de ellos. Desde otros balcones, bajan canastillas cargadas de panes, quesos, frutas, verduras, flores y pequeñas prendas tejidas, que entregan para adornar el hogar y esperar la llegada.

Es cada regalo, el recuerdo de una luz, y la exaltación del canto de los dioses.


Día, mes y momento octavo

Los pájaros cantan al sol




Los pájaros en el cielo cantan y la "Gloria a Dios" se enciende en los corazones.

Los pájaros y sus cantares llegan, en bandadas, luminosos desde el cielo; llegan acompañados del sol que se ha detenido sobre la ventana. Entonces la luz se esparce por toda la casa como un resplandor cálido, un resplandor no fatuo, reflejo iridiscente del sol sobre múltiples fuentes.

Los cantos desde lo alto, se hacen murmullos y voces de alegría en la vecindad.

Ha llegado el día, mes y momento. En este pequeño rincón cálido del mundo van a crecer la vida y el amor, mientras ellos se alimentan felices con pan, queso, frutas y las comidas preparadas por los vecinos y llegados desde el cielo.

Cada bocado que llena el corazón de alegría, incrementa el sonido celestial y glorioso de los pájaros.


Día, mes y momento noveno

Ser de vida y amor




En esta mañana y en todos los días, meses y momentos, crece la vida y el amor.

Tanto en las flores, como en el corazón del mundo, la vida y el amor se hacen infinitos. En el inicio y final del universo, Él, ese pequeño, ese retoño, ese fruto, es el centro cálido y profundo que da vida al espíritu del mundo. Quiso nacer en todo día, mes y momento para que la humanidad tuviera conciencia de su propia dignidad de seres humanos. Nace hoy en día, mes y momento abrazado por todos nosotros, en esta mañana iluminada por él.

Luego de aquella noche y en esta mañana, la luz del sol entró por cada ventana como todos los días, meses y momentos. Los pájaros entonaron el cantar de la vida. Todas las casas se abrieron al sol y de ellas salió música alegre. En todos los hogares sonrieron y comieron el fruto de la tierra para continuar con los avatares de la vida, para luego cantar con el rostro puesto al sol.

Los sonidos de los pájaros se mezclan con las voces humanas que cantan desde las ventanas la llegada matutina del calor al hogar.